ESCUELA PEREGRINA … UN VIAJE A LA SEMILLA
y el recuerdo del árbol que será…
Aletheia
La escuela como “aquello que vale la pena hacerse”, en su acepción
original griega, se crea y se ofrece como una oportunidad para el aprendizaje,
que se elige.
La escuela peregrina, es un estado vibrante, un sistema complejo, una
magia que puede surgir a pesar de todo… Es viral, emerge en cualquier parte y
en cualquier momento… Es detonadora de aprendizajes peregrinos.
Dentro de la escuela peregrina, la evaluación es un: Darse cuenta de… ¡hacer click!, es esa conciencia del aquí y ahora, es el momento de darse cuenta… Hacer
una conexión, relacionar, darle valor a algo que se ve por primera vez o como
si fuera la primera vez. Tiene una
connotación de vincularidad, acerca, aprecia, toca… y por eso suena: ¡click! …
Como metódica se propician las condiciones para los estremecimientos, se crean
espacios de orígenes borrosos, donde la semilla es la fe, tiene el valor de la
potencia, trae el árbol que fue y que será. Contiene una promesa, una esperanza
cósmica y al mismo tiempo es la memoria de la humanidad, en una conexión
akásica.
La pregunta ¿por qué estoy aquí? Trae transformaciones que desgranan
experiencias vivas. Hay una combustión
compartida, una respiración acompasada, una sincronicidad rítmica.
El darse cuenta es la esencia y potencia de la sensibilidad, que
vivifica muchos sentidos. Se recupera la sensorialidad humana: ver, escuchar,
oler, sentir, saborear… y empiezan a aparecer los holosentidos, que se resisten al control y a
la uniformidad y que son expresión de conexiones
caórdicas, que se revelan en una viscosidad perceptual que emerge, como
sutura, entre la licuefacción caótica (hemofilia
perceptual) y la solidificación anquilosada (trombofilia perceptual).
El sentido del silencio, por
ejemplo, propicia movilidades no
reveladas, deriva en un sentido de
alerta cósmica, en un sentido de
sigilocidad perceptual que dan cuenta de la complejidad y de la riqueza de
tejidos holográficos que caracterizan al aprendizaje peregrino; siempre conectado
de manera privilegiada con el sentido
del yo forastero; encarnación de
la extranjeridad que nos co-implica con lo más profundo de nuestro ser como
configuración de la vida y camino de múltiples aperturas emocionales,
cognitivas y espirituales.
La holosensorialidad apadrina la bifurcación desde un tiempo CRONOS, hacia un tiempo KAYROS, donde se libera y nos libera de
la “ronda del reloj” y torna a ser tiempo
para hacer aquello que vale la pena hacerse.
El tiempo Kayros es viscoso, pluridimensional e inabarcable; akásico: en
él se sintetizan todos los tiempos. Kayros nos permite explorar dimensiones
temporales multiformes y ricas. Hay tiempos “catenarios”, relajados y tranquilos, con una tensión flexible; hay
tiempos “esféricos”, que nos
envuelven en una burbuja de la que no queremos salir; hay tiempos “flecha”, que nos incitan a la acción,
que casi nos obligan a cumplir con un cometido y avanzar; hay tiempos “espiralados”, que nos enmarañan en
caminos seductores, en ciclos donde el mañana era ayer; hay tiempos “fractálicos” que se expanden, y en solo un segundo, nos
entregan el infinito.
De un topos apegado al mapa, pasamos a una sensofilia del territorio que
potencia acontecimientos, como aprendizajes vivos. Se genera un vínculo con el sitio más allá
del espacio, a través de un enseñaje cósmico, donde los modelos pedagógicos se
vuelven intuitivos, creativos y flexibles.
Se atisban los caminos por recorrer, aceptando la extranjeridad como una
constante. El yo profundo, la hermandad
planetaria, la colectividad, la capacidad de amar, generando resonancias
pedagógicas en sincronicidades son las claves que configuran la emergencia de
un currículo que traduce la disposición a emprender el camino del peregrinaje
abriendo la mente, levantando “el sombrero”,
ofreciendo como un “cuenco” nuestros
brazos para dar y recibir en el camino; cargando en el corazón, como nuestra “mochila”, todo lo que ha sido y lo que
será.
En los pies las “conchas”
sagradas que nos invitan a estar presentes y conscientes en cada paso del
camino y el bastón o “cayado” que
como nuestra columna vertebral nos sostiene y nos conecta. En el todo las
partes, un currículum holístico que se niega a ser despedazado y se apega a la
pregunta como interrogación perdurable involucrada
en búsquedas permanentes; como
re-mediación pedagógica.
El lenguaje se vuelve un interlenguaje: oral, corporal, matizado por
señas, donde la simbología es circunstancia expresiva, detonadora de sentidos.
Se aprende en vibración con una energía poética de lenguajes fluidos
donde se vivencian las irrupciones de la incertidumbre de manera gozosa un ambiente
re-mediador, donde la uniformidad adquiere las bases para transformarse en
autenticidad plural, en coherencia con una dimensión académica encarnada donde
la pregunta es maestra(o), detonador de aprendizajes, mediadora siempre mediada que asume la complejidad como lengua entre sus lenguas.


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