martes, 12 de mayo de 2015


Un viaje a la semilla

A raíz del doctorado que compartimos y como perfecta excusa, aprovechamos para realizar todos aquellos viajes imaginarios y reales, al interior  y por supuesto más allá del patio de nuestras propias casas...

La última experiencia compartida fue el peregrinaje a Ciudad Perdida, a la Guajira y finalmente a San Basilio de Palenque en Colombia, sitios sagrados y ancestrales, con historias invisibilizadas,  junto a los chicos y chicas del grado 11 del colegio Alas. 

Viaje mágico, lleno de meditaciones profundas, de contemplación del entorno, del cielo estrellado, de caminatas nocturnas con luciérnagas titilantes, de fríos y calores, del horizonte infinito bajo un sol radiante, de olas que hacían fila para morir tranquilamente; de introspecciones a nuestra biografía, el pasado de donde venimos y los sueños del futuro que estamos creando y con el cual nos comprometimos.

El relato se convirtió en video, con música del sitio, a capela... a ritmo de tambores que se acompasan con el latido del corazón... bolero acompañado de una marímbula, legado de Cuba que se sincretizó como nuestro rizoma lo hace en una unión fecunda. Las palabras se quedaron cortas y este es un relato que no pretende traer una experiencia que solo puede vivirse una vez, pero al menos nos trae recuerdos de esas emociones profundas que dejaron huellas y un ánimo especial que esperamos nos dure toda la vida... 



lunes, 9 de marzo de 2015

Escuela peregrina abstract

ESCUELA PEREGRINA … UN VIAJE A LA SEMILLA


 Toda semilla trae en sí, la memoria del árbol que fue…

y el recuerdo del árbol que será…
Aletheia




La escuela como “aquello que vale la pena hacerse”, en su acepción original griega, se crea y se ofrece como una oportunidad para el aprendizaje, que se elige.

La escuela peregrina, es un estado vibrante, un sistema complejo, una magia que puede surgir a pesar de todo… Es viral, emerge en cualquier parte y en cualquier momento… Es detonadora de aprendizajes peregrinos.


Dentro de la escuela peregrina, la evaluación es un: Darse cuenta de… ¡hacer click!, es esa conciencia del aquí y ahora, es el momento de darse cuenta… Hacer una conexión, relacionar, darle valor a algo que se ve por primera vez o como si fuera la primera vez.  Tiene una connotación de vincularidad, acerca, aprecia, toca… y por eso suena: ¡click! … Como metódica se propician las condiciones para los estremecimientos, se crean espacios de orígenes borrosos, donde la semilla es la fe, tiene el valor de la potencia, trae el árbol que fue y que será. Contiene una promesa, una esperanza cósmica y al mismo tiempo es la memoria de la humanidad, en una conexión akásica.
La pregunta ¿por qué estoy aquí? Trae transformaciones que desgranan experiencias vivas.  Hay una combustión compartida, una respiración acompasada, una sincronicidad rítmica.

El darse cuenta es la esencia y potencia de la sensibilidad, que vivifica muchos sentidos. Se recupera la sensorialidad humana: ver, escuchar, oler, sentir, saborear… y empiezan a aparecer los   holosentidos, que se resisten al control y a la uniformidad y que son expresión de  conexiones caórdicas,  que se revelan en una viscosidad perceptual que emerge, como sutura, entre la licuefacción caótica (hemofilia perceptual) y la solidificación anquilosada (trombofilia perceptual).

El sentido del silencio, por ejemplo, propicia movilidades no reveladas, deriva en un sentido de alerta cósmica, en un sentido de sigilocidad perceptual que dan cuenta de la complejidad y de la riqueza de tejidos holográficos que caracterizan al aprendizaje peregrino; siempre conectado de manera privilegiada con el sentido del yo forastero; encarnación de la extranjeridad que nos co-implica con lo más profundo de nuestro ser como configuración de la vida y camino de múltiples aperturas emocionales, cognitivas y espirituales.

La holosensorialidad apadrina la bifurcación desde un tiempo CRONOS, hacia un tiempo KAYROS, donde se libera y nos libera de la “ronda del reloj” y torna a ser tiempo  para hacer aquello que vale la pena hacerse.

El tiempo Kayros es viscoso, pluridimensional e inabarcable; akásico: en él se sintetizan todos los tiempos. Kayros nos permite explorar dimensiones temporales multiformes y ricas. Hay tiempos “catenarios”, relajados y tranquilos, con una tensión flexible; hay tiempos “esféricos”, que nos envuelven en una burbuja de la que no queremos salir; hay tiempos “flecha”, que nos incitan a la acción, que casi nos obligan a cumplir con un cometido y avanzar; hay tiempos “espiralados”, que nos enmarañan en caminos seductores, en ciclos donde el mañana era ayer; hay tiempos “fractálicos  que se expanden, y en solo un segundo, nos entregan el infinito.



De un topos apegado al mapa, pasamos a una sensofilia del territorio que potencia acontecimientos, como aprendizajes vivos.  Se genera un vínculo con el sitio más allá del espacio, a través de un enseñaje cósmico, donde los modelos pedagógicos se vuelven intuitivos, creativos y flexibles.

Se atisban los caminos por recorrer, aceptando la extranjeridad como una constante.  El yo profundo, la hermandad planetaria, la colectividad, la capacidad de amar, generando resonancias pedagógicas en sincronicidades son las claves que configuran la emergencia de un currículo que traduce la disposición a emprender el camino del peregrinaje abriendo la mente, levantando “el sombrero”, ofreciendo como un “cuenco” nuestros brazos para dar y recibir en el camino; cargando en el corazón, como nuestra “mochila”, todo lo que ha sido y lo que será.

En los pies las “conchas” sagradas que nos invitan a estar presentes y conscientes en cada paso del camino y el bastón o “cayado” que como nuestra columna vertebral nos sostiene y nos conecta. En el todo las partes, un currículum holístico que se niega a ser despedazado y se apega a la pregunta como  interrogación perdurable involucrada en búsquedas  permanentes; como re-mediación pedagógica.

El lenguaje se vuelve un interlenguaje: oral, corporal, matizado por señas, donde la simbología es circunstancia expresiva, detonadora de sentidos.


Se aprende en vibración con una energía poética de lenguajes fluidos donde se vivencian las irrupciones de la incertidumbre de manera gozosa un ambiente re-mediador, donde la uniformidad adquiere las bases para transformarse en autenticidad plural, en coherencia con una dimensión académica encarnada donde la pregunta es maestra(o), detonador de aprendizajes, mediadora siempre mediada que asume la complejidad como lengua entre sus lenguas.

Doña Rosa

Doña Rosa.




Doña Rosa parece salida de la mismísima  tierra, o tal vez de alguna flor colgante de los arbustos de alguna finca de su antiguo Bolo como se le llama  a esta tierra cerca de Palmira donde Rosa nació hace ya 64 años. Si ella fuera una pieza musical sería algo así como un trio de piano, flauta y fagot de difícil ejecución que deberá captar los convulsos ocres de la tierra, las transparencias del aire y el fulgor aterciopelado del fuego y las orquídeas.

Rosa es hija de campesinos y  aunque fue a estudiar a la Universidad Nacional y se tituló como Ingeniera Agrónoma reconoce que sus verdaderos y más significativos aprendizajes acerca de la tierra y la producción de alimentos los tuvo en la cocina y en el patio de su finca aledaña a ésta, donde  cáscaras y  semillas iban a parar junto con la rila de las gallinas y el cagajón de las vacas al lugar de la nueva cosecha.

De la abuela aprendió que todo servía y tenía un lugar perfecto dentro del espacio, que cada semillita desechada que no iría a parar en la olla, podría tener la oportunidad de germinar en medio de las margaritas, las veraneras y begonias  sembradas en las ollas de lata que ya cansadas de estar en el fuego  podían servir de refugio para la nueva vida. Aprendió que se comía lo que la tierra daba de manera bondadosa y que no había que acelerar el crecimiento de ninguna planta, que solo bastaba la caricia del padre sol, el agua matutina y la presencia silenciosa de la abuela para que pasado el tiempo prudente hubiese abundantes alimentos que compartirían con los vecinos, los amigos del otro lado de la montaña que a cambio darían también de sus frutos cosechados y sus semillas más sagradas.

No todo era visto con los ojos de la utilidad individual, la rentabilidad y la acumulación en la despensa; también parte de la cosecha era dejada en los árboles para que ardillas, pájaros viajeros y animalitos del monte tuviesen un suculento banquete; de niña, Rosa aprendió a extender sus manos y su corazón hacia lo invisible, aprendió a sentir a los que están del otro lado de la montaña, a alimentar a los que están de paso, aprendió de la confianza y la generosidad de la tierra junto a su abuela.

Pero Rosa se hizo grande y quería estudiar, progresar y como toda joven de campo soñaba con explorar, conocer, enamorarse, casarse y tener muchos hijos. Quizá el recuerdo y la añoranza de los peregrinajes junto a la abuela la llevaron a elegir el estudiar agronomía, luego se casó y tuvo,  no doce hijos como soñaba,  pero si cinco.

Después de conocer (en los ámbitos académicos e industriales) todos los oprobios a los que había que someter la tierra,  los cauces de agua y a los humedales para la producción gigantesca de alimentos, Rosa decidió renunciar a las prácticas convencionales de su carrera como ingeniera y retornar, con  sus hijos y su marido,  un pedazo de tierra y volver a vivir como ella lo había aprendido en su niñez, como lo había aprendido  de la abuela; con belleza, en unidad y armonía con todo lo que le rodea.

 Le dijo no a los químicos que envenenan la tierra; no al desplazamiento de los campesinos por el monocultivo de la caña de azúcar; no a la indiferencia comunitaria en relación con los asuntos políticos de la región. Rosa se convirtió en un centro de investigación para la comunidad, convoca a los vecinos y emprende la recuperación del humedal envenenado  con  plomo y níquel; humedal que tiene como misión alimentar de agua los aljibes de la región.

Rosa, quien de niña había aprendido a sentir a los del otro lado de la montaña, ahora también sentía  a los que están más allá de la otra montaña hacia el occidente; a nuestra gente del Pacífico. En sus viajes hacia este lugar ya estaba viendo como muchas especies nativas estaban quizá en su último suspiro. Rosa decide que es tiempo de recuperar, de sembrar, de dar vida en su pedazo de tierra a un maravilloso bosque.

Ahora después de 30 años, “Doña Bernarda” como llama a su finca en honor a su abuela, pasó de ser un potrero de pastos  a ser un  refugio de más de mil especies entre flora y fauna. Y como en su niñez, volvieron los pájaros viajeros de vistosas plumas, las ardillas, los murciélagos, las palmeras y los cocos, el árbol del pan, el platanillo, las zarigüeyas y los olores, los cantos de los grillos y las colas de las iguanas, los peces en el estanque, la papayuela para el dulce desamargado en la navidad, el plátano y las calcetas para que las mujeres de la comunidad tejan sus saberes, el laboratorio lleno de bichos para hacer control biológico y adornado entre las ramas de este pequeño paraíso la imagen de nuestra antigua cultura indígena “los bolos” que nos recuerdan que es posible mantener la vida en perfecto equilibrio, que es posible aprender con la belleza y el amor, que es posible mantener y avivar  una cognición que que se perpetúa en el tiempo y le da a nuestra vida un profundo sentido.

Cuando visitamos el Sendero Ecológico de Doña Rosa nos impregnarnos del murmullo de nuestros abuelos, del sentir profundo de los corazones que aun sueñan que es posible otro estilo de vida rodeado de sencillez y de dulzura.

 

Peregrinando  con el maestro Andrés


El maestro Andrés, peregrino con quien se entretejen nuestros caminos, nos regaló este rastro de su visita a la finca de Doña Rosa. Su voz es como un solo de clarinete y vida. La orquestación de sus palabras está orquestada por la energía cósmica que las anima y que da cuenta de la profunda resonancia poética con que las recibimos; regalo precioso que nos anima a experimentar nuevas vibraciones.

Ayer tuve la oportunidad de conocer un lugar que sólo hasta hoy puedo entender lo significativo que resultó para mi quehacer como maestro, dentro de mi anhelo por hacer de la educación una posibilidad de crecer. Conocí la finca de la señora Rosa, un lugar sorprendente en el Bolo, Valle. Un espacio verde, amplio y lleno de detalles y de seres que coexisten cada uno desde su lugar, aportando desde su existencia a la totalidad y esencia de este espacio.

Recorría sus senderos y me encontraba con un sinfín de árboles, arbustos, plantas, hierbas, etc. Seres que desde su imponencia en la altura, hasta su desapercibida presencia en el suelo tienen una misión importante y especial en este entorno al que fueron llevados o en el que aparecieron por agentes naturales o simple misión universal, todos ellos bajo la mirada cuidadosa pero confiada de su guardiana, una mujer madura de pensamiento flexible, orgánico, movible y fluido como su día a día, una matrona, no sólo de su familia, sino de cada una de estas plantas que ha logrado llevar a una armónica relación y coexistencia dentro de sus diferencias.

Este se ha convertido en un lugar donde Doña Rosa ha asumido el rol de  guardiana sabedora, que se nutre día a día para conocer las cualidades y virtudes de cada una de sus plantas, una madre y mujer que se esmera en conocer los beneficios que aquellos grandes o pequeños arbustos pueden ofrecer al planeta; un ser que se ha esmerado por aprender y enseñar tanto como pueda para darle la importancia y la fuerza hasta la planta que aparenta ser un “monte” o “maleza” que empaña a las demás.

Esta experiencia ha sido para mí una oportunidad de admirar e inspirarme en la relación que ha establecido Doña Rosa con sus plantas, su deseo por conocer de cada una de ellas para sacar lo mejor de sí, al punto de confrontarme con la necesidad de revisar mi posición como maestro, ya que cuando me veo en mi quehacer pedagógico, entre mis estudiantes, veo aquel sendero, aquella diversidad de seres con los que me relaciono, imponentes como balsos, ceibas y samanes, desapercibidos como arbustos, césped o enredaderas; pero comprendiendo que cada una de esas personas ha llegado hasta este colegio, a cada salón, frente a cada maestro(a) con una misión universal. Traen consigo una tarea para sí y para mí como maestro, un reto que la vida me da la posibilidad de vivir, puesto que al verles, veo la oportunidad de conocerle, de aprender de su esencia, de ver en su alma la potencialidad, descubrir por qué esta allí, cuál es su lugar en este espacio, para qué nos hemos encontrado y cuál es mi papel frente a su presencia en este encuentro.
Vuelco mi mirada a mi quehacer y me veo como un padre, como un orientador, como un guardián que necesita flexibilizar su pensamiento, desestructurar su mente, darle movilidad a mis estrategias, desaprender teorías y fluir en el reconocer a aquellos seres, descubrir en ellos sus virtudes y cualidades.

Al escribir estas palabras, consigo entender hasta donde esta experiencia ha permeado en mi alma, sólo cuando logro decantar cada impresión vivida y descubrir cada recuerdo que dormía abrigado en mi memoria, logro hacerme consciente de lo cercano que soy a Doña Rosa y a su labor, y desde esta consciencia hoy le agradezco infinitamente por inspirarme a apreciar la diversidad de mi sendero llamado séptimo grado y de cada una de mis planticas que esperan ser develadas en su potencialidad ante el mundo. A usted Doña Rosa, ¡infinitas gracias!
Carlos Andrés Guevara Zambrano
Maestro tutor estudiantes de 13-14 años

Séptimo grado, Alas Colegio

jueves, 5 de marzo de 2015

Abuela Margarita . 2.013. Colombia

DOCTORADO EN EDUCACIÓN UNIVERSIDAD DE LA SALLE, COSTA RICA. COHORTE 11- GRUPO 1. COLOMBIA

GRUPO ALETHEIA
PEDRO MARIO LOPEZ-PATRICIA MADRIÑÁN-HERTZEL BEHAR-PILAR JARAMILLO


SUTURAR LA MEMORIA





"¡Soy el poder dentro de mí !
Soy el amor del sol y la tierra ...
¡Soy gran espíritu y soy eterna! 
Mi vida está ¡llena de amor y alegría! "

Abuela Margarita



Como juglares de nuestro tiempo, en ánimo de indagar y confrontar nuestras miradas peregrinamos a encontrarnos con una abuela que conoce los latidos profundos de la tierra y comparte sus saberes con la desfachatez maravillosa de quien se sabe libre de la tiranía de los relojes. Una Abuela de otro sitio y de este sitio; de otro tiempo y del nuestro, que aclara que ella no da talleres ni conferencias, como han anunciado los organizadores(as) del encuentro, que ella conversa y en ese versar toca las fibras de todas las sensibilidades, pone en un primer plano mucho de lo reflexionado como grupo en los tránsitos propuestos por el doctorado y nos ofrece la oportunidad maravillosa de vivir un acontecimiento donde lo femenino y lo masculino emergen desde una perspectiva cósmica, poética, generativa, sagrada e indivisible.

Somos un grupo disparejo de femeninos y masculinos entrecruzados. A veces unos a veces otras, todos y todas nos expresamos y nos entrelazamos intentando identificar los semblantes del patriarcalismo que están presentes en nuestro pensar-sentir-hacer; identificando como emergen a veces desde el inconsciente y le dan matices, no siempre deseados, a nuestra cotidianidad, jerarquizando nuestras posturas frente a las realidades. Preguntar, preguntarnos, dialogar con quienes han realizado aportes a tan compleja problemática, pone luces nuevas a nuestras miradas en la búsqueda de la posibilidad de desplazarnos hacia un nuevo paradigma.
En este escrito nos encontramos para tejer nuestras voces. En ellas habitan todos los matices, o casi todos, al menos los que apuestan a la potencia y a la esperanza. La rueca: nuestro corazón. Cómplices: el aire y sus cualidades físicas que han de donarnos la capacidad de vibrar en tantísimos registros para devenir polifonía en el espacio inapresable por donde circulan los pensamientos, las ideas, los sueños, los propósitos, los anhelos y las aspiraciones de las personas.
Del aire a la escritura nuestras voces intentarán la siempre exigente y difícil tarea de mantener su apertura al encuentro con otras voces que han de acercarse a nuestros puntos de vista en intensión de mantener este texto en resonancia- disonancia-consonancia con enriquecedores universos simbólicos... Soñar con el mundo gilánico es un ejercicio que empieza por el grupo y encuentra posibilidad y nido en la unión de las personas que piensan, sienten y hacen diferentemente.

La visita a la abuela Margarita en una ecoaldea en el Departamento del Cauca, Colombia, fue el detonador que nos facilitó el sondeo de nuestras experiencias y confrontar lo leído-conversado-reflexionado con vivencias que nos impactantes, afectando nuestro entorno familiar, cultural y social.

La visita de la Abuela Margarita a Colombia resultó algo mágico, providencial, una oportunidad de vivir-sentir-pensar lo femenino y lo masculino desde ópticas para la mayoría de nosotros inéditas.

La Abuela es una mujer sabia, habla sobre género desde la sabiduría Nahuatl y juntos, desde el acontecimiento y las vivencias que fueron emergiendo de él parimos este “darnos cuenta”:

Patricia: - Sueño con un lugar donde pueda ser yo sin arrepentirme, sin disculparme. Ser mujer y expresarlo, amar y ser amada, ser libre y feliz y alegre. Mantener la inocencia, sorprenderme por cada cosa. Descubrir que aun puedo cambiar, crecer y aprender. Este proceso me ha puesto patas arriba, ha encendido mis genitales y me ha abierto puertas. De vivencias extremas, de situaciones inesperadas, yo misma he sido una gran sorpresa para mí. Qué bueno saber que soy mujer, reconocer a otras mujeres y por supuesto ser querida por tantos hombres, que admiro y quiero a la vez.

Pilar:- Aquellas mujeres sabias que pudieron leer los enigmas y la conexión profunda de la naturaleza y la mujer, capaces de ayudar a dar a luz, curar leprosos, ahuyentar pestes en las ciudades hacinadas de la edad media, sanar heridas y ayudar a cruzar el umbral de la muerte.
Pedro: - decimos: guauuuuu, pero lo que decimos no supera el impacto de lo que sentimos y por eso preferimos seguir haciendo nuestros los paisajes desde la contemplación que en silencio nos conecta con la magnificencia del todo del que en este instante nos sentimos más parte que cuando estamos insertos en la dinámica urbana y la congestión que aletargan nuestros sentidos.

Hertzel: - Que la esperanza florezca en una nueva realidad de armonía y amor!!!!

Pedro: - Lo vivenciado en este encuentro es esquivo al alcance de las palabras, aun apelando a las imágenes cuesta dar cuenta del impacto de la experiencia; pero algo es claro, compartirla como grupo y con nuestras familias ha tejido entre nosotros nuevos vínculos que nos respaldaran en la travesía incierta de la vida fortaleciendo nuestros castillos interiores, no para levantar las espadas que defiendan sus murallas y hagan impenetrables las corazas que nos cubren, sino para que esos castillos mantengan siempre abiertas sus puertas y ventanas, ofreciendo a quienes se acerquen la oportunidad de forjar, de manera conjunta, la esperanza.

Pilar:- La abuela Margarita nos compartió acerca del círculo de la vida. Lo que me parece interesante es que este círculo lo viven mujeres y hombres por igual, pero con manifestaciones diferentes y esto es super interesante enunciarlo, ya que en este mundo patriarcal que acalló las voces de mujeres y hombres de nuestros ancestros y ahora vivimos el ser hombres y mujeres dentro de los dictámenes del sistema y no de lo que necesitamos verdaderamente para la preservación de la vida y la especie.


Coro:
- Salimos al encuentro con la abuela Margarita, mujer que ha heredado la sabiduría de sus ancestros y ha puesto en la generosa disposición de compartirla una de las más poderosas esencias de su vida. Vamos acompañados por nuestras familias. Se amplifican en este peregrinaje las resonancias del doctorado hacia nuestros hijos, adolescentes todos, inquietos e interesados por las problemáticas de género; confrontados permanentemente con las realidades tensas y complejas que configuran nuestra cotidianidad.

Patricia: - Pili lo había decidido, como siempre hace. Su fuerza nos inspira, nos alienta, nos empuja... a veces caemos de narices pero después entre risas nos levantamos y la seguimos y la atendemos. La idea es ir con toda la familia.

Coro:
- El Río Cauca, serpentina líquida, nos despide del Valle y la carretera nos ofrece su lomo de asfalto para llegar a Cajibio y de allí a la Eco-aldea la Atlántida sitio del encuentro. Por el camino afloran las heridas de la guerra, puentes destruidos, soldados parapetados detrás de bultos de arena, como quien espera de un momento a otro entrar en combate. Esas señales nos sobrecogen, nos impactan, nos duelen, nos asustan; entonces cantamos alto, reafirmando nuestra colocación del lado de la vida; allí donde los cálices se ofrecen generosos para saciar la sed y sanar el alma.
Desde donde estamos hacia el páramo, que se alcanza a ver coronado por la bruma, son tantos los matices inéditos y se hace el verde tan difuminado, tan borroso en su concepto mismo como valor cromático, que resulta difícil verbalizar y describir sus tonos a no ser haciendo uso de la licencia poética que nos libera y brinda la posibilidad de conjugar las palabras de manera tal que el verde sea música aflorando en nuestros labios; fotosíntesis generativa del asombro; pero finalmente no decimos nada.

Patricia: - Al fin la vi, la abuela estaba sentada como meditando, cerró la puerta seguramente disgustada por el ruido que hacía antes de darme cuenta que ella estaba allí; normalmente hablo duro y me río duro. En todo caso sentí una emoción en el estómago porque la había visto. No era la primera vez que la veía, ya había estado brujeando en internet, más exactamente en youtube, donde había visto algunos pequeños videos de la abuela, sus cantos, sus gestos, estaba encantada con ella. Es lo más cerca que he estado de volverme “fan” de algo, cosa que no logró hacer ni “Menudo” (un grupo de música para adolescentes, la versión de la época de Justin Bieber) en los 80s cuando yo tenía menos de 15.

Coro:
- La abuela Margarita nos recibe bendiciendo los alimentos, dándole gracias a la madre tierra que nos ofrece de comer y ponderando la valía de todo lo que comemos con gratitud.
Teníamos muchas expectativas por oírla y verla, pero no esperábamos esa presencia; esa dulzura combinada con esa fuerza.
Ella es portadora de una historia que se resiste a respirar el aire viciado del patriarcado y nos habla de tiempos gilánicos que la memoria larga conserva vivos en nuestros genes; aun cuando más de quinientos años han estado desdibujando la presencia de esos tiempos de cooperación, sensibilidad y complementariedad, “cuando los hombres y mujeres de nuestros pueblos no conocían la enfermedad ni temían a la muerte, porque sabían quiénes eran y reconocían la vida como una renovación permanente”, así nos dijo abriendo la conversación. “yo estoy aquí porque quiero invitarles a que sepan quienes son. Ustedes son seres cósmicos. En el instante de la fecundación, cuando el semen de sus padres encontró el óvulo maduro de sus madres y lo fecundó, ocurrió una explosión de galaxias; en ese momento todo el universo volvió a nacer en ustedes, porque ustedes son síntesis del cosmos”. En los ojos profundos de Margarita alcanzamos a ver a nuestras abuelas, ellas nos hablaban con su voz segura, firme, esperanzada, filial; su voz, la de Margarita, hija de los Chichimecas, es presencia admirable de todas las voces y culturas donde lo femenino y lo masculino se suturan, se fusionan, se remedian, se coligan.
Nos sabemos viviendo una experiencia que trasciende el tiempo y reconfigura los espacios. La historia que el patriarcado intencionalmente ha silenciado durante milenios de dominación y barbarie aflora y vibra. Lo leído en los textos que han acompañado nuestras reflexiones como grupo durante el curso de género y epistemología se tornan conocimiento encarnado, afirmación, asombro, aprendizaje vivo.
Clara y expresiva, inteligente y aguda, sensible y hermosa, la abuela es lo femenino y lo masculino co-implicado. Le encanta cantar y encanta a quien la escucha, la abuela Margarita da una lección de sex appeal, de movimientos cadenciosos, risotada franca, de voz potente y pausada. Habla de muchas cosas muy interesantes, pero lo que maravilla no es sólo el qué, si no, el cómo.
Se pasea, se contonea y nos deja lelos. Las horas pasan como un suspiro y nos cansamos más las personas “jóvenes” que la oímos, que ella. Su energía no tiene fin.


Pedro: - Si no es porque las sombras de la noche anuncian la presencia de una luna llena recién parida, las horas de la tarde no diluyen sus naranjas olvidando el orden estricto de su marcha con tal de seguir escuchando a Margarita hablar de lo sagrado femenino y lo sagrado masculino como complementos perfectos.

Hertzel: - La esperanza tiene el color de los ojos de la abuela, la fuerza de sus palabras y el tono luminoso de su ancestral sabiduría.

Patricia:- Al día siguiente es el temazcal, así que Pili y yo nos disponemos a ir para la iniciación del fuego y de la esfera donde se hará el ritual. Los chicos y esposos se quedan en la casa durmiendo un rato más, porque son apenas las cuatro de la mañana y todavía parece de noche. Cuando llegamos la abuela está sentada, tan fresca como si hubiera dormido mucho y no el par de horas que fueron. Eso me da fuerza y quiero ayudar a pesar de que soy una neófita. Me uno al grupo de mujeres que están armando el temazcal ya que es el nombre tanto del lugar como del ritual que se va a hacer. Intento ayudar y entre más lo intento más me doy cuenta de que vamos a diferente ritmo y lo que yo quiero hacer pronto se torna un estorbo, así que decido sentarme a esperar que me llamen si es que me necesitan. Al fin lo hacen para que cargue telas sobrantes. Luego ayudo a traer el agua para el temazcal y me siento satisfecha porque logré aportar algo.
Ya empezaba a aclarar el día y se iba a dar inicio al temazcal pero faltaban mis hijos. Mi esposo llegó puntual, como siempre lo hace, a las 6 am apareció pero no había traído a los chicos porque le dio pesar levantarlos, a Hertzel le dió vergüenza, así que al fin me toco salir corriendo hasta la cabaña para levantarlos junto a Pedro y a Alejandro para traerlos lo más pronto posible al Temazcal.
Eché mano de todo lo que pude para lograrlo y como generala victoriosa volví con estos medio dormidos hombres que entre refunfuños y quejas se dejaron arrastrar al ritual. Daniel, uno de mis hijos mellizos me repetía que él ya sabía lo que era, que ya había estado en varios, yo le replicaba que con su papá y conmigo nunca... creo que más por compasión que por convencimiento me siguieron.

Coro:
-Fuimos entrando uno a uno y nos dispusimos en círculo, como debe ser. La abuela iba develando la connotación simbólica de cada cosa, su conexión con el cosmos, con lo íntimo de cada quien y con la totalidad del universo.
Mostró el centro del temazcal con una depresión en el piso de tierra llamado útero, explicó como la estructura era el estómago de una mujer, cada palo, cada entrecruce, cada color, cada adorno tenía un sentido. Miró al fuego y dibujó con un palo un gran falo en el suelo y en el glande del falo dibujado sobre la tierra puso el agua calientita de una olla para no destemplar a las abuelitas, que eran rocas hirviendo al rojo vivo, traídas una por una, entre cantos, del fuego al útero del temazcal.
No importa cuántas versiones se oigan de lo que es un temazcal, la experiencia no se repite, es única y así hay que vivirla.

Patricia: - La mente quiso controlarme: que si me da claustrofobia, que hay mucha gente, que no puedo salir si me asusto, que no corra sobre las piedras porque me quemo... muchas advertencias, pero lo logré, logré que mi mente se callara para disfrutar del momento y dejarme llevar tranquilamente.
Cerré los ojos y descubrí que el calor no era tan insoportable y que podía respirar sin problema. Al principio sentí como si estuviera lloviendo sobre mí, luego sentí agua a mí alrededor y por último me derretí, como si fuera agua. Hasta ahí todo iba bien. De pronto Pedro salió abortado del temazcal debido a un fuerte dolor de espalda y mi marido que había tenido dolor de cabeza desde la madrugada estaba que saltaba detrás de él, junto con Daniel, mi hijo. Usando toda clase de artilugios logré que estos últimos se quedaran a mi lado. José Vicente “Pete” y Emilio, el otro mellizo estaban más tranquilos. Emilio acalorado me mostraba la mano como se le había arrugado, yo le mostré la mía y lo tranquilicé diciéndole que no pasaba nada. Pete, como le digo al menor, quedó muy alejado de mí y me emocioné al oír su vos ronqueta que dijo: “yo soy juventud, yo soy tierra”, fue como si me tocara. Sentí el poder de la palabra que viaja y que toca sin tocar. Casi grité, al menos dije con vehemencia: “soy divina” y así lo sentí. Me sentía muy bien, mágica, femenina y bella.

Coro:
- Los cuerpos mojados de sudor, pero los corazones llenos. Terminó más rápido de lo que pensamos y salimos a bañarnos a una cascada helada que fluye en el corazón del bosque nativo que circunda la eco-aldea. Los cuerpos frescos y limpios, las mentes despejadas, abiertas, dispuestas, como si todo estuviera por hacerse, como si no se hubiera hecho nada nunca.

Hertzel: - Escuchar a la abuela Margarita, ha sido para mí un encuentro con la esperanza, porque la abuela nos habló de los ancestros de los tiempos en que hombre y mujer iban paso a paso, de igual a igual, enriquecidos en la diferencia.
De tiempos del género sagrado. Cuando había un lugar de respeto y rito para el sagrado femenino y para el sagrado masculino, simbolizados en objetos rituales como la Chanupa (pipa ritual) que simboliza la magia sagrada de la unión fecunda del hombre y la mujer, de la ternura y la agresividad, de lo cálido y lo frío, de lo masculino y lo femenino.

Patricia: - Hablé tal vez por primera vez con Hertzel, lo miré a los ojos mientras charlamos y veo unos ojos dulces e inteligentes. Es ese tipo de hombre que no busca ser macho. Me encanta charlar con Hertzel porque me siento acompañada. El no juzga, escucha y también sabe hablar con un tono de voz que conmueve; es un compañero ideal.
Tropecé de nuevo con el pobre Pedro, me recosté en él, lo empujé, me reí de lo que pasaba y no supe por qué ocurría, pero parecía que estaba ahí para sostenerme. De golpe en golpe sobrevivió al suplicio. Con dulzura increíble nos acompañó en este viaje un poco loco. Mi querido Pedro, con su cuerpo grandote que provoca el abrazo, el escritor, el poeta, el adolorido Pedro.
Cuando miro a Pilar la veo más grande, siempre me sorprende ser más alta que ella, porque Pilar es esa fuerza femenina arrasadora que no se para ante nada y atrae y arrastra. Tiene una belleza extraña, a veces sexy, a veces masculina, irradiando energía siempre, todo lo que hace se nota, bueno o malo sobresale. Abraza sin distinción, alienta con emoción y ama sin mesura. Una mujer admirable y una excelente compañera de viaje. Mi maestra y mi alumna, mi espejo más cercano, cada día la quiero y admiro más.
Y yo, la otra mujer del grupo, apenas empiezo a descubrirme mujer. De intelecto desarrollado tal vez más de lo deseable, había dejado de lado la emoción, estorbosa y dolorosa. Al fin he decidido hacer lo que quiero de corazón y de estomago, decir y decirme lo que quiero, ser franca con compasión y mostrarme como lo que soy. Afrontar mi femenino e intentar no agacharme en el intento.

Coro:
- la abuela nos habló de la sabiduría presente en nuestras raíces, en nuestra memoria genética; sabiduría de hombres y mujeres viviendo en asociación, disfrutando de la verdad suprema. “Dios habita en nosotros y hombre y mujer son manifestaciones diferentes de la divinidad revelada en la tierra, en sus distintos matices”.

El encuentro con la abuela es indudablemente una vuelta a casa; un encuentro con el hombre y la mujer que laten en la inmensidad de cada ser. Un entrar en el círculo sagrado de la vida, cuando curanderas, parteras y comadronas eran portadoras de la sabiduría ancestral; de la vida sexual y procreadora de la mujer.
Abuelas y abuelos sabios estaban cerca de hombres y mujeres implicándose con los ritmos de la naturaleza y forjando desde ellos una armonía perfecta con la vida. La mujer, la luna y el agua se hicieron hermanas; la mujer aprendió a leer en las fases de la luna su ciclo de creación de vida; el hombre se hizo hermano del sol y del fuego, entonces comprendió que es un dador permanente de semillas y protección.
¿Qué pasó? ¿Dónde se rompe este maravilloso círculo? ¿Por qué tanto disloque, tanta fractura, tanta herida, tanta intransigencia, tanta soledad?
Aparece el relato Judeocristiano de Adán y Eva y el castigo de Eva por desobedecer a Dios y comer del árbol del conocimiento, y con este acto la maldición: “te quitaré tu sexualidad, paralizaré tu útero, te volverás histérica, parirás con dolor y el hombre te dominará”
En esta imagen también aparece la serpiente considerada dentro de la mitología de muchos pueblos la gran dadora de vida, el símbolo del útero y su humedad, de la voluptuosidad de la mujer, además de representar la oscuridad y el caos en muchos pueblos.
Pero la serpiente es ajusticiada por un ángel armado con una espada al servicio de Dios y esta imagen lacera profundamente la libertad de la mujer. Y con la religión católica, esta imagen se refuerza al aparecer la imagen de la virgen María aplastando la cabeza de la serpiente, con esto la mujer se hace sumisa de Dios.
“Con el triunfo de la revolución patriarcal y la desposesión de la serpiente de la mujer, aparece el nuevo orden simbólico. El Olimpo se llena de dioses, y entre ellos Esculapio, dios de la medicina, que se ha apoderado de la serpiente y que hoy, cual trofeo de guerra, todavía se exhibe en las marcas famacéuticas” (C. Castañeda, 1998 pag 114)
Pilar: - La abuela Margarita habla de sexualidad de manera libre y espontánea a nuestra niña, adolescente y mujer adulta. Deja de ser tabú y va más allá de hablar de reproducción, métodos anticonceptivos y enfermedades sexuales. Con la abuela, la sexualidad toma una dimensión espiritual y es la gran puerta a reconocer quienes somos verdaderamente en nuestro origen: reconocer que somos producto de una eyaculación maravillosa que tuvo nuestro padre y que ella es a la vez la explosión del cosmos entero en el cuerpo de nuestra madre. Sabernos hijos de galaxias, estrellas y planetas; óvulo y espermatozoide son en ese mismo instante el universo entero que quiere manifestarse en un nuevo ser.

Coro:
- Cuando mujeres y hombres nos acercamos a contemplar la sexualidad desde esta mirada; como manifestación de la grandeza del universo manifestándose en nosotras(os) y no desde la enfermedad, la prohibición y la vergüenza; la sexualidad adquiere nuevas connotaciones en nuestra psiquis, remediando la posibilidad de gozar, de reconocer, complacer y erotizar todo nuestro cuerpo.
Vivimos en el mundo de la enfermedad y nuestros gobiernos hacen grandes negocios con esta creencia que se instala en las colectividades: estamos enfermos. Y la enfermedad necesita una estructura que la sostenga, a la vez que la estructura necesita de personas enfermas que legitimen en el tiempo su permanencia. Hay más asignación de dinero para la enfermedad que para la prevención saludable.
Se quedó a vivir entre la gente el vademécum para resolver las mil alteraciones de todo tipo en la menstruación, en la gestación, el parto y la menopausia. Se fueron las abuelas y abuelos y con ellos muchos de los secretos, de los remedios caseros, de las agüitas y las palabras amorosas que lo sanaban todo.
Ahora la mujer no quiere parir. El nacimiento es un suceso programado y no el pedido de quien quiere venir a ocupar su lugar y manifestarse en la tierra. Necesitamos recuperar con la juventud los círculos de la palabra, donde podamos escuchar nuevamente hablar a nuestros cuerpos y de ellos emerger la sabiduría ancestral: Vivir sin miedo con amor, inocencia y pureza.

Hacer un coro a cuatro voces, trascendiendo los escollos de las desafinaciones y las disonancias no es fácil. Hablar de lo propio sin excluir, cantar al tiempo, ha sido un reto asumido con responsabilidad y gozo. Reconocernos en los demás y hacia adentro un propósito compartido que ha otorgado dirección desde lo grupal a nuestras rutas personales.
La abuela Margarita esa “hembra inicua que hubo osado, contra los mandamientos de Dios, enseñar a los hombres.” (R.Eisler, 2008 pag 94) Nos dejó muchas enseñanzas, con sus movimientos de hombros que a los casi 80 años mantiene intacto el poder de su sensualidad, deviene en inductor caótico capaz de generar cambios hacia la “gilania” anhelada.
Sentimos que lo compartido en este peregrinaje ha sido un punto crítico de "bifurcación", en que, como escriben Prigogine y Stengers, "el sistema puede 'optar' entre más de un futuro posible" (R.Eisler,2008 pag 97 El futuro se refiere al presente que vendrá, pero como vemos en este escrito el mismo presente es diferente para cada una de las personas que lo vivimos.
Pedro: -En las palabras de la abuela, pronunciadas con una humildad enternecedora, muchas de las lecturas realizadas refuerzan, e incluso renuevan sus sentidos. Lo femenino y lo masculino se configuran en un abrazo insoslayable; fluyen y emergen del útero fértil de la tierra al cielo, hacia donde se eleva el humo de la sagrada pipa para dejar registro de nuestros propósitos.

Coro:
- La danza nos conecta; somos muchos, diferentes, en la mayoría de los casos desconocidos. El círculo humano se mueve, el canto se expande. Nos vamos sincronizando, sentimos fluir nuestras energías y de repente las distancias se esfuman. Nos re-fundimos en una-uno indivisible.

Ya lo había dicho la abuela: somos fuego, viento, agua, aire; somos tierra y cielo; somos femenino y masculino; somos la vida y la muerte entrelazadas; somos fragmento y totalidad, partícula y onda, universo y espíritu; Dios; galaxias recién paridas; memoria restablecida; historia viva; emergencia creadora.



BIBLIOGRAFÍA

Castañeda, Carlos. 1998. Pases mágicos. Las enseñanzas prácticas de don Juan. Barcelona: editorial Martinez Roca.

Eisler, Riane. 2008. El caliz y la espada. Mexico DF: editorial Pax

Kosko, Bart.2000. El futuro borroso o el cielo en un chip. Barcelona: Editorial crítica.

L.Boff y R. Muraro. 2004.Femenino y masculino. Una nueva conciencia para el encuentro de las diferencias. Madrid: Trotta.
Género y Psicoanálisis: Subjetividades femeninas vulnerables en: www.psiconet.com/foros/genero.